jueves, 8 de agosto de 2013


BUENOS AIRES, REINA DEL PLATA

Buenos Aires, Reina del Plata que no supo mantener la belleza de sus jóvenes años.  Mujer orgullosa que se esmera en mostrar una personalidad que nunca logró conformar.  Perdida en su propia vorágine, busca insistentemente su identidad que se torna esquiva y difusa entre la mezcla incoherente de los más diversos personajes que la componen.

Reina del Plata; cuna de desamparados; madre adoptiva que supo abrigar en sus cálidos brazos a todo aquel que deseara descansar en su seno. La pasión de mil pueblos fluye por sus arterias volviendo incontenibles y convulsionados los no tan buenos aires. En sus barrios se confunden viejos y nuevos habitantes que agregan nuevos matices y condimentos a la desorientada cultura de la ciudad.  Burlándose del tiempo juegan en sus calles el pequeño Madrid, que mora a lo largo de la regia Avenida de Mayo o el ostentoso Paris, con domicilio en la paqueta Recoleta.  Pero la soñadora Italia no se mezcla con ellos y encontró cobijo en las inmediaciones del Riachuelo, donde los olores convergen con el paisaje recordándole a cada instante su origen.

Entre calles adoquinadas, conventillos y palacetes, sus escondrijos murmuran melancólicas historias de épocas mejores, mientras un nostálgico tango sobrevuela la ciudad.

Buenos Aires, miscelánea que se confunde, tierra de nadie y de incongruencia.  Un enorme café concert donde el hambre es bandera política; la pobreza baila con el desinterés, el miedo bloquea el monologo educativo y el desorden se ríe a carcajada contando sus logros al final del día.
 
Buenos Aires, una tibia muestra de un país al que no alcanza representar; reflejo del alma de un país reticente que se niega a despojarse de su adolescencia para enfrentar con responsabilidad el largo y dificultoso camino que conduce a la madurez.